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El segundo congreso de innovación del CIN propuso nuevas agendas institucionales
03
septiembre
2026

El Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) coordinó esta semana las actividades de su II Congreso Nacional de Innovación Universitaria «Legados, tensiones y transformaciones de la universidad argentina», impulsado con el objetivo de contribuir con la elaboración de agendas institucionales y de política pública para el fortalecimiento de una educación superior democrática, federal y socialmente comprometida.

El evento, que contó con la participación de más de 600 personas, se desarrolló en Bariloche con la organización de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), anfitriona también del 96° Plenario de Rectoras y Rectores que se realizará mañana en la misma ciudad. El miércoles se ofrecieron las conferencias centrales por eje y hoy se expusieron en diversas mesas las ponencias que se postularon, fueron aceptadas y que representan las ideas de innovación de 50 instituciones universitarias públicas del país y de la región. Asimismo, se organizaron conversatorios del Foro de Rectoras y Vicerrectoras de Instituciones Universitarias Públicas (FoReVi) y de la Red de Universidades Patagónicas (RUPa).

«Son días complejos y agradecemos que hayan podido venir en esta época en la que el problema no se agota en la situación presupuestaria sino que el ataque es al sistema universitario en su conjunto, pero estamos de pie», destacó en la apertura del evento Anselmo Torres, vicepresidente del CIN y rector local. Junto con él, también, tuvieron la palabra Carlos Rodríguez, presidente de la Comisión de Asuntos Académicos del CIN; Jerónimo Ainchil, vicepresidente de la misma comisión; y Sandra Torlucci, presidenta de la Comisión de Ciencia, Técnica y Arte. Sus alocuciones se orientaron a la concepción de que «no hay innovación sin creación» y que la revinculación entre pares será la clave para pensar la universidad del futuro.

El cierre de ese espacio estuvo a cargo de Franco Bartolacci, presidente del CIN, quien propuso un llamado a la acción en su discurso: «A pesar de todas las dificultades, decidimos juntarnos en este congreso todos los años para pensarnos como sistema y proponer las transformaciones que nos faltan. Es un gesto de madurez, convencidos de que no hay mejor defensa de la universidad pública que su constante transformación. Hay que provocar una segunda reforma universitaria, una especie de revolución académica, pedagógica y curricular para cumplir mejor nuestra misión, para estar más a tono con los desafíos que nos impone un mundo que cambia vertiginosamente. Es tiempo de resistir, de resguardar y de reformar».

«Nuestro trabajo es recordarle a la sociedad que la apuesta por la formación y por la producción científica valen la pena, que sus logros no se traducen en méritos aislados sino en beneficio para el conjunto, y que el conocimiento producido en nuestras universidades constituye un factor indisociable de la construcción de soberanía», incentivó Nicolás Arata, docente investigador, en la primera conferencia central, «Universidad, enseñanza y territorio».

La siguiente conferencia, «Universidad, extensión e internacionalización», Juan Pablo Itoiz, coordinador ejecutivo de la Red de Extensión Universitaria del CIN, subrayó que «el compromiso social universitario a través de la extensión es clave para dimensionar el derecho a la educación y la consolidación democrática en la Argentina». Por su parte, Daniela Perrota, docente e investigadora, agregó la perspectiva de que «en un mundo en disputa, nuestra mayor fortaleza es actuar como sistema: compartir capacidades, construir una voz propia y decidir juntos cómo queremos relacionarnos con el mundo».

En la tercera conferencia central, «Universidad, ciencia y desarrollo productivo», Graciela Bertolino, directora del Instituto Balseiro, alentó a trabajar en la potencialidad que representa «pasar de la retórica a la producción de un valor soberano porque, cuando hablamos de soberanía tecnológica, las universidades deben llevar la iniciativa». Luego, en la cuarta conferencia, «Universidad y mundo del trabajo», Danya Tavela, exdiputada nacional, refirió la importancia de las microcredenciales ante una realidad que interpela la estabilidad entre la formación y la vida laboral, porque representan «pertinencia, calidad, trazabilidad y gestión».

En la Sede Andina de la UNRN se organizaron 48 mesas que presentaron más de 192 resúmenes de ponencias. Las conclusiones de esta tarea y de las conferencias centrales se leyeron en el cierre y se presentarán mañana en el plenario, evento que también sesionará desde Bariloche, con transmisión en vivo y en directo desde nuestro canal en la plataforma YouTube. Con posterioridad, los trabajos completos serás editados en una publicación.

 

Conclusiones iniciales del II Congreso Nacional de Innovación Universitaria leídas en el evento de cierre

En el transcurso de estos días, hemos asistido a cuatro conferencias centrales de alto nivel, que posicionaron algunos de los temas más relevantes que requieren de la innovación en el ámbito universitario. Pero, fundamentalmente, en 192 trabajos, exponentes de todo el país demostraron no solo que tenemos capacidad para hacerlo, sino que, en muchos casos, esa innovación ya existe y lo transmitieron a los compañeros y compañeras de todo el territorio, renovando y amplificando la fuerza que necesitamos en este contexto para sostener la universidad pública.

El primer eje, «Universidad, ciencia y desarrollo productivo», abordó cómo las universidades públicas deben impulsar proyectos de desarrollo con mayor densidad tecnológica e innovación comprometidos con las necesidades nacionales y regionales. Se enfatizó la importancia de federalizar la política científica, fortalecer la vinculación tecnológica con el sector socioproductivo y aplicar la investigación a sectores estratégicos como energía, robótica, movilidad y tecnología aeroespacial o nuclear. Asimismo, se analizaron los debates epistemológicos y la gestión de las carreras académicas, advirtiendo sobre los riesgos de la mercantilización del conocimiento y promoviendo la democratización y transparencia en los sistemas de evaluación.

El segundo eje, «Universidad, enseñanza y territorio», se orientó hacia la inclusión efectiva para garantizar no solo el acceso, sino también la permanencia y el egreso estudiantil. Para sincerar las trayectorias académicas reales frente a la duración teórica de las carreras, se promueve la implementación del SACAU no sólo a nivel interno sino fortaleciendo los acuerdos interinstitucionales, logrando que ese sistema se articule con modelos de alerta temprana y presencialidad expandida apoyados en datos. Además, ante el avance de la inteligencia artificial generativa, se propuso una «Pedagogía del Ser» que integre la dimensión emocional y ética como un factor humano insustituible.

En el tercer eje, «Universidad, extensión e internacionalización», se planteó concebir la extensión y la dimensión internacional como derechos sociales y componentes constitutivos del diseño curricular. Se impulsó la «internacionalización en casa» a través de metodologías como los proyectos COIL para democratizar las competencias interculturales sin depender de la movilidad física elitista, sin dejar de lado la efectiva aplicación de políticas que fomenten el acceso igualitario a los programas de internacionalización. Por su parte, se promovió la curricularización de la extensión mediante Prácticas Sociales Educativas (PSE) y mecanismos de articulación territorial en diálogo con los saberes de las comunidades. En este eje fue fundamental la necesidad de articulación con la escuela secundaria para acompañar el ingreso, señalando tensiones constantes como las restricciones presupuestarias y las asincronías temporales con las comunidades.

Finalmente, el cuarto eje, «Universidad y mundo del trabajo», analizó la reconfiguración de la educación superior frente a la incertidumbre laboral y el impacto de las nuevas tecnologías. Para responder a los requerimientos en este contexto, se promueve la formación continua mediante microcredenciales e insignias digitales de calidad e interoperables. Por último, se advirtió sobre la necesidad de establecer marcos normativos de soberanía tecnológica y gobernanza algorítmica para proteger los derechos laborales del personal académico y nodocente, reafirmando el rol institucional en la promoción de entornos equitativos, la inclusión socio-productiva y el trabajo decente.

En estos dos días la universidad se pensó a sí misma, se compartió desde las tensiones que nos atraviesan, se debatió desde los legados que nos forman y se apostó, como siempre lo hizo la universidad pública argentina, por su propia transformación y la de nuestro pueblo.